Gérson Silva Santos fue maestro relojero en el Recôncavo Baiano —
hijo de un africano que llegó a Brasil y se estableció en aquella tierra.
Un hombre que pasó la vida trabajando con precisión: engranajes, tiempo,
mecanismos que sólo funcionan cuando cada pieza está en su lugar correcto.
De ese origen quedó también el Twi —
lengua akan de África Occidental — como herencia viva dentro de la familia.
Crecí con ese nombre y esa herencia.
Mi padre era policía federal —
y murió en servicio cuando yo aún era niño.
Lo que quedó fue la ausencia, y la mujer que decidió que la ausencia no sería el final.
Mi madre quedó sola con hijos pequeños y construyó —
una y otra vez — negocios en el sector de belleza. Salones, espacios de estética, empresas
que existían porque ella existía. No había manual.
Había determinación y el rechazo a dejar que la pérdida definiera el destino.
La pregunta que quedó no era "por qué la gente sufre" — era
"por qué algunos atraviesan y otros no."
Esa pregunta llevó a la psicología. La psicología llevó al laboratorio. El laboratorio llevó a la clínica.